Galpón de la Música

Andrés Abramowski es músico y periodista. Pero, por sobre todas las cosas, es un gran compositor de canciones. Todos los años comparte el taller de Canción de la Escuela de Rock otro experto en la materia: Ruben Vuzzy.

De que se trata el taller de Canción?

El taller de canción es una aproximación al arte de hacer canciones. Siempre empezamos con reflexiones acerca de la canción como unidad de expresión del arte musical y tratamos de enfocarla en su dimensión histórica cultural ya que, de alguna manera, todas las canciones se terminan vinculando entre sí en las cabezas de quienes las escuchan a través del tiempo. De alguna manera, cuando uno escribe una canción está continuando con lo que hizo antes otro artista, quizás en la otra punta del mundo, incluso en el caso de aquellos que logran romper todas las reglas para alumbrar una novedad.

Luego se trata de trabajar en nociones básicas que hacen a las melodías, a las letras y a los modos en que éstas pueden articularse entre sí en el aspecto más medular de una canción.

El trabajo depende en un enorme porcentaje de las ganas de los chicos de componer, creemos que no es algo que pueda hacerse por obligación sino por una necesidad de expresar ideas y sentimientos, para lo cual las canciones son grandes vehículos. Podemos aportar, si hace falta, disparadores melódicos o de textos, y luego trabajamos, básicamente, en que cada uno pueda desarrollar su propio método a la hora de componer.

Por otra parte, un aspecto fundamental del taller es lo colectivo, ya que el taller de canción es el ámbito donde se empiezan a formar las bandas. No es habitual para los compositores trabajar en grupo, pero en una banda de rock las canciones suenan menor cuanto más se las apropian sus miembros, sean o no los que hayan pergeñado las letras y las músicas, por lo que está bueno que un chico que quiera integrar una banda conozca desde cero el proceso de llegar poner una canción que antes no existía en un escenario.

Cómo fue la experiencia de este 2015?

Fue una muy buena experiencia y quedamos muy conformes con Rubén. Se notó que esta camada estaba interesada en hacer canciones. Cada uno con sus preferencias estéticas, con sus formas de abordar la música, con sus maneras de decir y sus temáticas. Se armaron buenos grupos y vimos que aquellos por ahí más grandes o con más conocimientos musicales abrían el juego a los más chicos o novatos para que todos pudieran participar del proceso creativo.

A medida pasan las generaciones qué vas aprendiendo de los chicos?

Lo primero que aprendo siempre es que todos somos iguales ante una hoja en blanco. El más grande, el más joven, el que más sabe, el que recién empieza, todos podemos llegar a sentir el mismo vértigo ante ese silencio que conforma la materia prima inicial de una canción que se debe romper con algo nuevo. El deseo de crear es el mismo y seguir conociendo chicos que quieren cultivarlo hace que las brechas generacionales pasen a otro plano. Hay que tener en cuenta que la canción es un terreno con mucha más magia que la vida cotidiana,

En que crees se diferencian de cuando vos eras chico?

Podría decir que en mi época no se escribían las letras de las canciones en los teléfonos como hacen los pibes de ahora, pero no hay nada más lógico que eso en el mundo de hoy. Más allá de que viven en otro siglo, otro país y otro mundo de aquel en el que crecí yo, no veo muchas diferencias en lo esencial, si nos referimos al momento en que un adolescente quiere hacer música. Las ganas, el entusiasmo, la sensibilidad, la curiosidad son todos motores que te llevan al saber y al disfrute de la música. Un músico en ciernes tiene que contar con eso en cualquier momento de la historia porque no hay otra forma de hacer música. Después están los que están buscando y quieren saber de qué se trata, y tal vez la música sea una diversión eventual en sus vidas.