Galpón de la Música

Las Taradas llegó a la ciudad el viernes 21 de abril pasado en el marco del ciclo “Te doy una canción”. Con su distintivo encanto, el octeto femenino desempolvó viejos clásicos de los años 40 y 50, generando un clima festivo y bailable en casi una veintena de canciones.

 

Las Taradas arribó el pasado viernes a Rosario. El sexteto femenino hizo escala en el Galpón de la Música para presentarse en el marco del ciclo “Te doy una canción”, junto a las ganadoras del concurso del mismo nombre. Por ese motivo, Leilén, junto con el dúo Carmela y Ambrosia, más Aixa Pacheco, Camila Vega y Ana Laurino, inauguraron la velada.

Luego del show de las artistas premiadas por el certamen, el combo porteño liderado por Paula Maffia y Lucy Patané desempolvó viejas canciones de los 40 y 50, mixturando géneros como el swing, bolero, canzone napoletana, chachachá, flamenco, jazz u otros y adaptándolos con su particular gracia y charme.

Todo comenzó pasadas las 21:30 con los aires centroamericanos de “Pájaro que deja el nido“, primer track de “Canciones de la jungla”, último material discográfico del grupo, que luego dio paso a “Oro y plata”, milonga originalmente compuesta por Homero Manzi, reconvertida en una suite musical caribeña, inundada de percusiones y flauta. Más tarde llegó el turno de la movida “En bancarrota” (¡Juan Carlos “La Mona” Jiménez envidiaría esta versión!), el cálido swing de “Bei Mir Bistu Shein" y los acordes sexys de la rockera “No me entiendes”, entre otros temas.

Más allá de lo estrictamente musical, resultó notable la habilidad del grupo para interactuar con el público, teniendo en cuenta que muchos de los allí presentes veían por primera vez al combo femenino en Rosario. Las Taradas no sólo desplegaron una vasta selección de recursos artísticos, sino que tomaron el pulso a la audiencia con humor y tacto. “Che, ¿de quién es esta chalina? La verdad me gusta, creo que me quedaría linda. Si no aparece la dueña rápido, creo que me la llevo”, dijo una de las cantantes al recibir una prenda extraviada. Luego de resuelta la cuestión, alguien perdió su documento de identidad, y la banda resolvió la nueva interrupción con liviandad y altura.

Pero, ¿qué diferencia a Las Taradas de otras agrupaciones? No sólo su miscelánea de sonidos, sino la capacidad de generar diversas atmósferas. De repente, los allí presentes pudieron trasladarse –música mediante- a un café ubicado en una Rue parisina, contemplar un atardecer en alguna playa carioca (“Copando Copacabana”, “Teco Teco”) o visitar un pueblito del sur de Italia, a través de una canzone napoletana como “Guaglione”, que sobre el final vira inesperadamente hacia un patrón de sabrosa cumbia. Por todo lo mencionado es que el octeto oriundo de Buenos Aires sorprende y marca la diferencia.

Ya sobre el cierre, las comandadas por Paula Maffia y Lucy Patané desenrollaron su kit de temas más vivaces, como para que nadie se vuelva a casa sin haber bailado. De ese modo, llegó el ritmo flamenco de la conocida “Que no, que no” –atención al feat que se puede ver en YouTube junto a Miss Bolivia- y, cuando la fiesta ya estaba consumada, “La parranda”. En suma: canciones descontracturadas, baile, alegría y un clima ameno, en un show de casi una veintena de temas que transitó por diversos territorios estilísticos.

Las Taradas saben cómo manejar los hilos de un espectáculo con gran despliegue de recursos musicales y escénicos. Conocen cómo inducir al público a un estado de trance, en el que la diversión y el movimiento son protagonistas principales. Es un octeto femenino, fresco, vigoroso, natural, con gran capacidad de hacerle frente a distintas situaciones musicales y generar sorprendentes climas casi sin despeinarse. ¡Que se repita!

Hernan Osuna